Con la clase “Del consenso de Washington a un mundo en transición: dependencia y desarrollo en el nuevo escenario internacional” cerró el módulo de Geopolítica y Orden Mundial de la Diplomatura Universitaria en Formación Política para la Integración Regional Latinoamericana 2026.
La exposición estuvo a cargo del Dr. Juan Manuel Padín, subsecretario de Relaciones Internacionales e Interjurisdiccionales de la Provincia de Buenos Aires, y contó con la moderación del exembajador Eduardo Zuain. La clase propuso recuperar una discusión que durante años perdió centralidad en el debate público argentino: qué significa desarrollarse y qué capacidades necesita un país para transformar su estructura productiva y reducir sus márgenes de dependencia.
Padín reconstruyó el tránsito desde las estrategias desarrollistas de mediados del siglo XX hacia la globalización neoliberal que comenzó a consolidarse en la década de 1970. Frente a un modelo donde el Estado planificaba, promovía la industrialización, orientaba el crédito y buscaba modificar una inserción internacional asentada fundamentalmente en la producción de materias primas, el nuevo paradigma fue debilitando esas capacidades y trasladando cada vez más las decisiones productivas hacia las grandes corporaciones.
Ese proceso modificó también la propia idea de desarrollo. La construcción de una estructura productiva diversificada fue reemplazada por la búsqueda de condiciones atractivas para los capitales internacionales y la inserción en determinados eslabones de las cadenas globales de valor. Para Juan Manuel, esta transformación profundizó una relación de dependencia productiva, tecnológica y financiera, en la medida en que decisiones centrales para las economías nacionales comenzaron a definirse crecientemente fuera de ellas. El resultado fue también una mayor financiarización, concentración de la riqueza y pérdida de capacidad de intervención de los Estados.
Sin embargo, ese orden comenzó a mostrar sus límites. La crisis de la globalización neoliberal, el ascenso de China, las tensiones comerciales y el retorno de políticas industriales en las propias potencias centrales muestran que muchas de las reglas presentadas durante décadas como universales están siendo abandonadas por quienes las promovieron. El mundo ya no es el del Consenso de Washington, pero tampoco existe todavía un nuevo modelo consolidado.
Para Padín, esa transición abre una oportunidad para volver a discutir el desarrollo argentino desde nuevas coordenadas. La Argentina cuenta con recursos energéticos y minerales estratégicos, capacidades industriales, trabajadores calificados y un sistema científico-tecnológico sobre el cual apoyarse. Pero disponer de esos recursos no garantiza por sí mismo el desarrollo: la cuestión decisiva es quién los controla, cómo se los articula con el entramado productivo nacional y qué capacidades se construyen a partir de ellos.
En ese marco, la discusión sobre el Estado vuelve a ocupar un lugar central. Superar una inserción dependiente requiere capacidad para planificar, seleccionar sectores estratégicos, orientar el crédito, desarrollar tecnología y establecer condiciones al capital privado. Padín planteó además que esa transformación debe ir acompañada por una sociedad más organizada y una democracia más vigorosa, en la que los trabajadores y los sectores populares recuperen un papel estructural en la discusión sobre cómo se produce y cómo se distribuye la riqueza.
La clase dejó así planteada una cuestión decisiva: la crisis del viejo orden internacional no garantiza por sí sola mayores márgenes de autonomía. La oportunidad existe, pero aprovecharla exige definir qué modelo de país y qué tipo de sociedad quiere construir la Argentina, qué lugar pretende ocupar en la economía mundial y qué dependencias necesita transformar para convertir nuevamente al desarrollo en un proyecto nacional.
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