Inicio Comunicados y Noticias Compartimos la nota: «Honrar la independencia es defender la soberanía»

Compartimos la nota: «Honrar la independencia es defender la soberanía»

*Por Consejo Asesor de OPEIR.

Nota de opinión publicada en Página12, 8 de julio de 2026.

Honrar la independencia es defender la soberanía

El 9 de julio de 1816 fue la primera gran respuesta a una pregunta que, unos años antes, habían empezado a hacerse los hombres y mujeres de coraje de esta tierra: quién decide sobre su riqueza, sobre su destino y sobre la vida de su pueblo. Desde entonces, la independencia argentina pelea por volverse completa.

Honrar a los hombres y mujeres de 1816 exige mirarlos en la intemperie de su tiempo. Luego de seis años de avances y retrocesos, de revolución, guerra e incertidumbre, el poder realista amenazaba la vida de las Provincias Unidas y el mundo buscaba restaurar viejas obediencias. En ese escenario, nuestros próceres comprendieron lo que estaba en juego. Supieron que la independencia era una condición ineludible para que los habitantes de este suelo pudieran imaginar un destino propio: una patria donde vivir, trabajar y desarrollarse, no el botín de unos pocos privilegiados. A ellos les debemos la valentía de haberse pronunciado en favor de la soberanía nacional, cuando el sometimiento y la explotación pretendían imponerse como destino. A esa valentía se suma otra enseñanza: que un proyecto así se construye con todos los territorios o no se construye.

En 1947, el Presidente Perón comprendió que una Nación podía tener bandera, himno y gobierno propio, y aun así vivir condicionada por poderes externos que, con la ayuda de aliados internos, eran capaces de apropiarse de su riqueza, su comercio, su trabajo y su desarrollo. Así, más de un siglo después, la Argentina volvió a Tucumán para afirmar que la independencia política seguía inconclusa mientras la economía estuviese tutelada. Aquella declaración actualizaba la promesa de 1816 y le daba a la soberanía nacional una base material, productiva y popular. Más acá en el tiempo, los Presidentes Néstor y Cristina Kirchner retomaron ese mandato. Volvieron a poner al Estado, a la producción y al trabajo argentino en el centro de un proyecto de país, y a la Argentina en el mapa de una América Latina que decide por sí misma.

Hoy esa tarea vuelve a presentarse en un mundo que atraviesa un punto de inflexión. Las democracias y los Estados nacionales son presionados por poderes económicos cada vez más poderosos, capaces de subordinar comunidades enteras a la lógica de la ganancia, capturar la atención social y moldear el sentido común con una maquinaria de entretenimiento, odio, distracción, represión y cárcel a dirigentes injustamente acusados. Las formas de dominación se actualizan y avanzan mediante plataformas, algoritmos, sistemas de vigilancia y corporaciones capaces de ordenar desde lejos la vida cotidiana. América Latina conoce esa amenaza, por eso honrar la independencia exige comprender que la soberanía se construye todos los días, con producción, ciencia, integración regional y voluntad política. Esa es la comprensión histórica que exige nuestro tiempo.

Frente a ese escenario, la Argentina de Milei elige el camino inverso al legado de la independencia. Cada vez que este gobierno habla de modernidad, en realidad está hablando de entrega, de claudicación. Desarma capacidades estatales, desprecia la ciencia y la educación pública, paraliza la obra pública, castiga el trabajo argentino y subordina la política exterior a intereses imperiales. Mientras el mundo discute cómo defender sus recursos, su industria y su tecnología, el gobierno nacional pone el cartel de liquidación. Esta política es una ofensa al sacrificio de aquellos hombres y mujeres que hoy honramos.

Pero la historia argentina también enseña que siempre existe otro camino. En la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof sostiene una idea distinta de país: una Argentina que cuida, produce, educa y defiende lo común. Allí donde otros ven gasto, hay inversión social; donde otros ven obstáculos, hay derechos; donde otros ven recursos para entregar, hay capacidades para desarrollar. Ese es el sentido profundo de la independencia en nuestro tiempo: construir una patria donde todos puedan tener futuro. Hay quienes usan la idea de libertad para entregarlo todo. Para nosotros, la libertad verdadera es la que aprendimos en Tucumán: la de un pueblo que se atreve a decidir por sí mismo. La independencia que los próceres firmaron sigue esperando un pueblo dispuesto a completarla. En eso se juega el futuro de la patria.

(*) Carlos López López, Carlos Tomada, Braulio Silva Echevarría, Mariano Kestelboim, Ariel Lieutier, Carlos Raimundi, Marcelo Granitto, Rubén Pascolini, Luciano Anzelini y Martín Villaverde.

Salir de la versión móvil