En una entrevista radial, Carlos López repasó la historia de las siete banderas de la Operación Cóndor y reconstruyó una trama mayor: la continuidad histórica de la causa Malvinas, su inscripción en la lucha anticolonial y su lugar en la conciencia nacional argentina.
En una nueva conmemoración del 2 de abril, la causa Malvinas volvió a presentarse en toda su densidad histórica, política y nacional. En ese marco, Carlos López, autor del libro Siete banderas, siete destinos, fue entrevistado en Somos Argentina, programa de AM 650 que conduce Úrsula Vargues, donde reconstruyó el itinerario de las banderas de la Operación Cóndor de 1966 y, a partir de esa historia, repuso una verdad central: Malvinas forma parte de una causa de soberanía que atraviesa la historia argentina y sigue interpelando el presente.
A lo largo de la conversación, Carlos situó el reclamo argentino en una perspectiva de larga duración. Recordó la presencia argentina en las islas desde los primeros años de la vida nacional, la usurpación británica de 1833 y la persistencia del reclamo soberano en el plano político y diplomático. En ese recorrido destacó el alegato de José María Ruda ante Naciones Unidas en septiembre de 1964, que con la resolución del año siguiente inscribió la cuestión Malvinas en el proceso internacional de descolonización y consolidó el reconocimiento de la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido.
Uno de los pasajes centrales de la entrevista estuvo dedicado a la Operación Cóndor de 1966, cuando un grupo de jóvenes militantes desvió un avión de Aerolíneas Argentinas hacia las islas y plantó allí siete banderas argentinas. Carlos reconstruyó no solo el hecho político, sino también el derrotero posterior de esas banderas, que fueron preservadas durante décadas y reaparecieron muchos años después como piezas cargadas de densidad histórica. En ese relato, la figura de María Cristina Verrier ocupa un lugar decisivo, tanto por su participación en la acción como por la custodia posterior de los emblemas. Algunas fueron incorporadas a espacios de alta significación simbólica, como el Museo Malvinas, el mausoleo de Néstor Kirchner y el Congreso de la Nación.
Ese derrotero condensa una definición de fondo. Malvinas no pertenece al pasado ni puede quedar reducida a una efeméride. Es una causa viva, de presente y futuro, ligada a la integridad territorial, a la lucha contra el colonialismo y a la necesidad de construir una Argentina con conciencia de sus intereses estratégicos. La historia de las Siete Banderas vuelve a mostrar, en ese sentido, que la memoria nacional no es contemplación sino una forma de continuidad política.
Desde OPEIR sostenemos que la cuestión Malvinas exige una mirada histórica, soberana y regional. En un escenario internacional atravesado por disputas geopolíticas, control de recursos estratégicos y persistencia de enclaves coloniales, la reivindicación argentina conserva plena vigencia. Malvinizar, hoy, es reafirmar la soberanía como principio político y como horizonte de Nación.


