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Las banderas del peronismo y la discusión sobre el futuro

OPEIR presentó el documento Nuestras banderas en el siglo XXI ante una importante convocatoria de dirigentes y militantes. Carlos López López, Victoria Montenegro, Carlos Tomada y Carlos Bianco compartieron una jornada de reflexión política en la que las banderas históricas del peronismo fueron el punto de partida para discutir los desafíos del presente y la construcción de una alternativa de futuro.

El miércoles 21 de octubre, el Auditorio Papa Francisco de la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP) reunió a dirigentes políticos, referentes sindicales y militantes para la presentación de Nuestras banderas en el siglo XXI, elaborado por el Observatorio del Pensamiento Estratégico para la Integración Regional (OPEIR). La convocatoria trascendió el acto institucional y se convirtió en un espacio de discusión sobre los desafíos del peronismo y la posibilidad de construir un nuevo horizonte para la Argentina.
El documento parte de una idea central: las tres banderas históricas del peronismo conservan su vigencia porque los problemas que expresan siguen sin resolverse. La soberanía política remite a la capacidad de la Nación para decidir su rumbo; la independencia económica, a las condiciones productivas, científicas y tecnológicas necesarias para sostenerlo; y la justicia social, a un desarrollo que se traduzca en derechos y bienestar para el pueblo. A esas tres dimensiones se incorpora el rol de la militancia, como fuerza organizada y formada capaz de transformar los principios en acción política. Durante la apertura, Carlos López López, presidente de OPEIR, explicó que el trabajo busca ofrecer «un punto de partida y un piso común» para pensar los desafíos del presente y contribuir a la reconstrucción nacional.
La reflexión sobre la vigencia de esas banderas tuvo uno de sus momentos más emotivos con la intervención de Victoria Montenegro, que recuperó la historia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y su propia experiencia como nieta restituida. A cincuenta años del último golpe de Estado, convocó a reflexionar sobre el significado de las conquistas históricas y los riesgos que enfrentan los derechos humanos en el presente. Señaló que muchos de esos avances habían llegado a considerarse irreversibles y advirtió sobre la necesidad de recuperar el sentido profundo de las consignas que acompañaron durante décadas a la militancia popular.
Al evocar los comienzos de aquella lucha, recordó que conocer el destino de los desaparecidos y recuperar la identidad de los niños apropiados parecía imposible. Su propio testimonio volvió tangible la dimensión de esa conquista. «La mitad de mi vida estuve apropiada», contó, antes de hablar de quienes la acompañaron en el camino hacia la verdad de su origen. Desde esa experiencia, reivindicó la organización y la solidaridad que convirtieron aquella lucha en una referencia mundial de los derechos humanos, y recuperó para la militancia del presente una enseñanza fundamental: incluso en los momentos más oscuros, la acción colectiva puede abrir caminos de esperanza.
Carlos Tomada, exministro de Trabajo de la Nación e integrante del Consejo de OPEIR, destacó el trabajo colectivo que hizo posible la elaboración del documento, que lleva su firma junto con las de Carlos López López, Braulio Silva Echevarría, Mariano Kestelboim, Ariel Lieutier, Carlos Raimundi, Luciano Anzelini y Rubén Pascolini. A partir de allí, situó el origen de la iniciativa en una inquietud recurrente en los espacios de discusión política: ¿qué hacer frente a la realidad actual? Las respuestas, sostuvo, exigen volver a interrogar los principios que históricamente orientaron al movimiento nacional y popular. ¿Quién toma las decisiones fundamentales? ¿Quién controla los recursos de la Nación? ¿Quién se beneficia de las riquezas que produce el pueblo argentino?
Para Tomada, esas preguntas conservan plena vigencia y encuentran en las tres banderas del peronismo una orientación fundamental. También reivindicó la memoria, la verdad y la justicia como otra bandera de esa tradición, sostenida a lo largo de décadas por la organización y la lucha militante. Retomando una reflexión de Montenegro sobre las consignas convertidas en símbolos, lanzó una invitación que sintetizó buena parte del espíritu del encuentro: «Bueno, hagamos que no sean remeras. Pongámosla en discusión, debatamos, problematicemos, politicemos». Recuperar las banderas, en definitiva, implica volver a pensar su significado y encontrar los instrumentos adecuados para realizarlas en las condiciones del presente.

Esa discusión adquirió una dimensión particularmente relevante con la intervención de Carlos Bianco, ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires. En su exposición, retomó los principales planteos del documento para reflexionar sobre los desafíos políticos que enfrenta el peronismo y la necesidad de construir una alternativa de futuro. De ese modo, puso en primer plano una pregunta que atravesó toda la jornada: cómo recuperar los principios históricos del movimiento y traducirlos en respuestas concretas para la Argentina actual.

Uno de los primeros puntos que destacó fue la vigencia de las banderas históricas y la necesidad de actualizar sus formas de realización. Recuperar la soberanía política, la independencia económica y la justicia social exige comprender que las condiciones del presente son profundamente diferentes de las que enfrentaron Perón y Evita, pero también Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Los principios conservan su valor como orientación política, mientras que los instrumentos deben responder a las transformaciones económicas, tecnológicas, sociales y geopolíticas de cada época.

Bianco recordó, en ese sentido, una definición que suele utilizar Axel Kicillof: «Yo no me enamoro de los instrumentos, me enamoro de los rumbos». La frase sintetizó uno de los puntos de encuentro más claros entre su intervención y el propósito central del documento de OPEIR: sostener la vigencia de las banderas históricas del peronismo y, al mismo tiempo, encontrar las herramientas necesarias para llevarlas a la práctica en las condiciones del siglo XXI.

La exposición avanzó sobre algunos de los principales desafíos que enfrenta la Argentina. En materia internacional, Bianco propuso discutir la caracterización del escenario mundial como una multipolaridad inestable y planteó la idea de una transición hegemónica, marcada por la disputa entre Estados Unidos y China y por una creciente incertidumbre económica, tecnológica y geopolítica. Desde su perspectiva, ese escenario de inestabilidad podría prolongarse durante los próximos veinte o treinta años. «Lo que veo para los próximos años no es un mundo de paz, de crecimiento y de amor», advirtió. También reivindicó la necesidad de recuperar una política exterior basada en el interés nacional, cuestionando el alineamiento internacional del gobierno de Javier Milei.

En ese marco, la integración latinoamericana ocupó un lugar destacado. Bianco destacó la experiencia de la UNASUR y la CELAC, pero advirtió que las condiciones políticas de la región son hoy muy diferentes de las que hicieron posible su construcción. Insistir simplemente en su recuperación, señaló, podría dejar a la Argentina prácticamente sola. Frente a ese escenario, planteó la necesidad de explorar nuevas herramientas de vinculación con los países vecinos. Incluso, desde su histórica posición crítica del librecambismo, puso a consideración la posibilidad de estudiar una zona de libre comercio sudamericana, teniendo en cuenta que la Argentina ya mantiene amplias preferencias comerciales con buena parte de la región. Si bien se trató de una hipótesis abierta al debate, cuya conveniencia y posibles efectos productivos deberían evaluarse en detalle, su reflexión puso de manifiesto la necesidad de repensar los instrumentos de integración regional a partir de las condiciones concretas del presente.

La mirada de Bianco también se proyectó hacia el escenario político de 2027. Frente a la necesidad de construir una alternativa al gobierno de Milei, cuestionó lo que denominó el «fetichismo del programa de gobierno», es decir, la idea de que una enumeración detallada de medidas resulte suficiente para construir una propuesta política. Reivindicó la importancia de contar con orientaciones claras, pero destacó que las transformaciones requieren conducción, capacidad de gestión y una propuesta capaz de generar expectativas de futuro.

En esa línea, recuperó la experiencia del gobierno bonaerense como punto de partida para pensar políticas de alcance nacional. Mencionó iniciativas desarrolladas en educación y salud, entre ellas el programa Puentes, y señaló que varias de esas experiencias podrían proyectarse al conjunto del país. Al mismo tiempo, identificó tres grandes asuntos pendientes de discusión: política macroeconómica, política exterior y defensa nacional.
La intervención volvió así sobre una preocupación que había atravesado toda la jornada: cómo transformar las convicciones políticas en capacidad efectiva para gobernar. Hacia el cierre, Bianco retomó el capítulo dedicado a la militancia y sintetizó sus desafíos en tres tareas: trabajar, estudiar y militar. Una definición que encontró continuidad con el planteo de OPEIR sobre la necesidad de formar cuadros políticos capaces de interpretar la realidad, organizar la voluntad colectiva y asumir responsabilidades de gobierno.
Después de más de una hora y media de intervenciones, los asistentes levantaron sus ejemplares de Nuestras banderas en el siglo XXI para una fotografía colectiva. Las tapas con la foto histórica de aquel 17 de octubre de 1945, multiplicadas entre el público, compusieron una postal que sintetizó el espíritu de la convocatoria: recuperar las banderas, renovar su significado y reafirmar el derecho a construir un futuro mejor para la Argentina.

La jornada contó con la presencia de funcionarios del gobierno bonaerense, referentes de la justicia, la diplomacia, el ámbito académico y distintas organizaciones políticas, sindicales y sociales. Entre ellos estuvieron Héctor Garín (AMAP), Carlos Rozanski, Roberto Ahuad, Santiago Villalba, Ernesto Villanueva, Juan Manuel Padín (subsecretario de Relaciones Internacionales e Interjurisdiccionales de la Provincia de Buenos Aires), Alejandra Di Franco (jefa de Gabinete de esa Subsecretaría), Mariano de Miguel, Pablo Urquiza (exsubsecretario de Educación bonaerense), Gustavo Osman Fagale (FEARAB), Fernando Di Palmo Scarzella, Jorge Cattenati, Marcelo Granitto, Ezequiel Magnani, Ignacio Corradi, Luis Wainer, Emanuel Porcelli, Federico Berardi, Federico Vaccarezza, María Monza, Julián Bokser, Joshua Avazian, Alejandro Giani (CTA), Emiliano Bisaro (Fundación Germán Abdala), Emiliano Hernández (FUP), Andrés Bercúm y Juan Miguel Gómez Parodi (Descamisados), Carlos Sánchez (Formación de los Pueblos), Carlos Zambrella (Frente 25 de Mayo), Flavio Turné (Frente Popular Patria y Futuro), Jerónimo Acevedo (CPJS), Juan Carlos Rodríguez (Movimiento Federal Belgrano), Luis Abad (La Marcha), Martín Villalba (FUNCAT), Marcelo Godoy y Sonia Alegre (UTPE).
Entre los integrantes de OPEIR que acompañaron la jornada estuvieron Alejandra Outeda, Javier Juárez, Leandro Etchichury, Leandro Lachener, Juan Barile, Nicolás Carivenc y Martín Villaverde.