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Compartimos la nota: «Playa Girón ¿nuevamente?»

*Por Carlos López López

Nota de opinión publicada en Página12, 27 de febrero de 2026.

Playa Girón ¿nuevamente

“La historia ocurre dos veces, la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”, aparece en su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852). Marx describe cómo los eventos históricos significativos se repiten, perdiendo su grandeza inicial para volverse una imitación ridícula o degradada.

Rodolfo Walsh no tenía experiencia en labores de desciframiento. Con todo lo que contaba eran unos manuales de criptografía adquiridos en La Habana vieja, en un puesto de libros usados.

Trabajó muchas horas sobre aquel texto que se encubría en clave bajo la apariencia de un inocente despacho de tráfico comercial de “Tropical Cable”, de Guatemala. Lo había encontrado Jorge Masetti cuando revisaba los rollos de papel que salían de los teletipos instalados en la agencia para captar y analizar el material informativo de las agencias rivales y Rodolfo se empeñó en desentrañar ese mensaje que lucía sospechoso. Aquella información era casi un regalo providencial para la joven revolución cubana amenazada por un poderoso enemigo.

En realidad se trataba de un cable dirigido a Washington por el jefe de la CIA en Guatemala, adscrito al personal de la embajada de Estados Unidos en ese país, y era un informe minucioso de los preparativos de un desembarco en Cuba por cuenta del gobierno norteamericano. Se revelaba, inclusive, el lugar donde ya empezaban a prepararse los reclutas: la hacienda Retalhuleu, un antiguo cafetal al norte del país.

Serían estos los primeros indicios del ataque a la Isla, que acabará de concretarse el 17 de abril de 1961, con el desembarco por Bahía de Cochinos, y que sería rechazado en tan solo 72 horas por las milicias populares organizadas alrededor de su líder Fidel Castro.

Playa Girón fue el escenario de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961, donde una fuerza de exiliados cubanos entrenada por la CIA intentó derrocar al gobierno de Fidel Castro. En menos de 72 horas, las fuerzas revolucionarias cubanas derrotaron a los invasores, marcando la primera gran derrota de EE. UU. en América Latina.

Parte de la Guerra Fría, tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. La Brigada 2506, compuesta por más de 1400 cubanos exiliados, desembarcó en Playa Girón y Playa Larga. La victoria cubana, liderada por Fidel Castro, resultó en la captura o muerte de la mayoría de los invasores. Esta batalla consolidó el poder de Fidel Castro y se considera un hito histórico de resistencia contra Estados Unidos en Cuba.

Esta fue la gran tragedia.

Ahora la gran farsa, febrero del 2026: la lancha rápida registrada en Florida que el miércoles fue interceptada en aguas territoriales cubanas transportaba a 10 personas armadas que planeaban “una infiltración terrorista” en la isla, dijeron las autoridades de Cuba, que afirmaron que los pasajeros – 4 de ellos muertos tras un tiroteo con la guardia costera – eran cubanos residentes en Estados Unidos que iban fuertemente armados.

En un comunicado, el Ministerio del Interior de Cuba dijo que los interrogatorios preliminares a los detenidos revelaron que “la intención del grupo era infiltrarse en territorio cubano con fines terroristas.” Según la versión cubana, las autoridades incautaron fusiles de asalto, pistolas, artefactos explosivos caseros – incluidos cócteles molotov -, chalecos antibalas, miras telescópicas y uniformes de camuflaje del buque.

Las autoridades identificaron a uno de los cuatro hombres muertos como Michel Ortega Casanova y afirmaron que aún estaba trabajando para identificar a los otros tres que fallecieron en el tiroteo.

El comunicado identifica a los detenidos como Amijail Sánchez González, Leordan Enrique Cruz Gómez, Conrado Galindo Sariol, José Manuel Rodríguez Castelló, Cristian Ernesto Acosta Guevara y Roberto Azcorra Consuegra.

El Ministerio del Interior dijo que todos los hombres eran cubanos residentes en Estados Unidos, aunque no especificó si algunos o todos eran ciudadanos estadounidenses. Afirmaron que la mayoría “tiene un historial conocido de actividad criminal y violenta.” Un comunicado del mismo indicó que la lancha rápida “ilegal” fue detectada a una milla náutica al noreste del canal de El Pino, en Cayo Falcones, frente a la costa norte de la provincia de Villa Clara, en el centro de Cuba. Informaron que cuando una embarcación de la guardia costera cubana con cinco oficiales se acercó a la lancha rápida para pedir identificación, los hombres de la nave abrieron fuego e hirieron al comandante cubano.

Tenemos la obligación de analizar este hecho como una decisión política de un gobierno que no se limita solo a eventos aislados.

A saber, la ola trumpista no solo invadió un país latinoamericano, sino que secuestró a su presidente y primera dama, los tienen encarcelados en Nueva York, bajo un pretexto como lo es el inexistente “Cartel de los soles”, no duda de emplazar a la república islámica de Irán sosteniendo que están desarrollando armas nucleares, perdón… el país autor de las explosiones atómicas de Nagasaki e Hiroshima. Arremete en querer apropiarse de Groenlandia por un supuesto tema de “seguridad nacional”. Genera en los Estados Unidos Mexicanos una desestabilización a partir de la lucha contra los carteles de las drogas mexicanos (cuando el problema lo tiene puertas adentro).

Evidentemente está en vías de desarrollo un nuevo marco internacional, la configuración mundial se reacomoda y no sabemos cómo quedará estabilizado. Es un mundo en disputa donde surgen protagonistas de antiguas civilizaciones que nunca se fueron.

El presidente Trump dice que Estados Unidos está en una “época dorada”, ni sus propios coterráneos lo creen. Aunque el complejo financiero-industrial-militar recibe las desaforadas iniciativas de Trump con beneplácito porque sus intereses se conservan y aumentan.

Como sabemos, todo se trata de quien ejerce el poder. Es por ello que en los países de nuestra región, y en particular Argentina, se hace necesario desarrollar un proyecto para las mayorías.

¿Qué queremos? ¿Un país para pocos o un modelo que nos incluya a todos? Para ello debemos profundizar quién tiene el poder, debemos estimular la organización de cuadros políticos de origen popular y raigambre nacional que converjan en un proyecto de país inclusivo y desarrollado.

¿Qué región queremos? Obviamente soy de los que piensa que ningún país se salva solo, y sería conveniente que trabajemos por la integración y la unidad. Sin que ello signifique uniformidad.

Debemos volver a insertarnos en este nuevo mundo, generando las alianzas que mejor nos convengan, pero nunca seamos sumisos a país alguno.

Todas estas preguntas tenemos la obligación de entenderlas y resolverlas, para que no seamos instrumento de nadie y trabajemos para que nuestro pueblo sea todos los días un poco más feliz.

Carlos López López es militante nacional y popular, presidente del OPEIR (Observatorio del Pensamiento Estratégico para la Integración Regional)